martes, 27 de octubre de 2020

FANTASMAS DE LA NOCHE

 

FANTASMAS DE LA NOCHE:



Hoy en el ocaso del día las calles están desiertas, las puertas cerradas, mientras los fantasmas y demonios de las psiques recorren entre las sombras las ciudades enteras, buscando a sus creadores, desesperados por perturbar sus sueños. Se cuelan silenciosos entre las cerraduras para susurrar al oído su llegada, recordando durante las horas más lóbregas miedos y temores del pasado y del futuro. Se alimentan de terrores infundados y huyen saciados antes del amanecer, sembrando a su paso dudas que sacuden la esencia de los mortales.

Son seres cobardes, tristes y solitarios que buscan compañía en tiempos oscuros, son los reflejos de un estado de alarma que pueden acabar enfermando el alma. Pero aquellos que los escuchan atentamente saben que son un sinsentido imaginario, pues el ser humano, es el amo y dueño de sus propios miedos.

sábado, 19 de septiembre de 2020

ANTIGUOS MARES

 

ANTIGUOS MARES



A veces, desde lo alto de las montañas sueño con la belleza de los inmensos océanos:

Con el sabor a sal en los labios.

Con la fina y tibia arena bajo los pies descalzos.

Con el pelo bailando al ritmo de la brisa que llega de un horizonte lejano.

Con el sonido de las olas y la blanca espuma al morir en las playas.

Con el sol cegador del mediodía que dora la piel que nos envuelve.

Con el aroma del alma ancestral de las profundidades que calma mil temores.

A veces, desde lo alto de las montañas sueño con antiguos y limpios mares que ya no existen.




jueves, 10 de septiembre de 2020

LENGUA DE FUEGO

 

LENGUA DE FUEGO




Un ligero siseo, una encarnada brizna encubierta, un resuello viciado huyendo por una minúscula ventana y en unos segundos se desenlaza el averno, devorando con su lengua de fuego, el espíritu de un pequeño pueblo, mientras las miradas de impotencia y miedo de sus gentes lo rodean acompañándolo entre llantos y lamentos en su sombrío final.

Las llamas coléricas brotan por la techumbre creando una gran ola, mostrando su fiereza y crueldad ante los ríos de agua que batallan por extinguirlo. Con burla y rapidez se extiende por pasillos, salas y cuartos, alimentándose del trabajo de toda una vida, reduciéndolo todo, entre estallidos y derrumbes, a escombros y cenizas. El centro cultural con sus miles de recuerdos exhala humo y tizne que se esparce con el viento por las casas, ennegreciendo coladas, jardines y coches. El olor a madera quemada se cuela por cada rendija, por cada rincón durante días y noches. En poco rato el fuego arrasa la Sociedad Idokorri, dejando al descubierto un amasijo de escombros, el esqueleto desnudo de un viejo edificio, el centro recreativo, cultural y gastronómico, el centro neurálgico de Aspurz.

Queda en nuestra memoria miles de cenas compartidas entre mesas y sillas de roble, casi cuarenta años de fiestas, música, brindis y exaltaciones de la amistad en el bar,  juegos infantiles, millones de partidas de cartas, campeonatos de brisca y mus, discusiones y rencores ancestrales, talleres de costura y cocina, juegos de rol y misterio, partidas de ajedrez entre expertos y no tan expertos, presentaciones de libros, exposiciones , charlas , visionado de películas y documentales en la sala de cine, comidas populares y familiares, celebraciones de bodas y comuniones, entrega de premios y homenajes a los nuevos jubilados, auzolanes , fiestas de disfraces, chocolatadas y concursos de pintxos, risas de los futuros socios cobijados en los días más fríos en el “cuartito de abajo”, asambleas y tomas de decisiones, quedan muchas historias y momenticos únicos que las llamas no ha podido engullir, que jamás nos arrebatará. Permanece la fuerza de aquellos que invirtieron sus ahorros y su tiempo en pro de un pueblo, las ganas y la frescura de las siguientes generaciones, el apoyo y las palabras de aliento de los valles colindantes….

La tristeza, la pena y la incertidumbre que sienten ahora nuestros corazones se transformará en sueños e ilusiones por levantar de nuevo piedra a piedra, mano a mano la Sociedad Idokorri, porque si una vez se pudo hacer con esfuerzo y con entrega, de nuevo lo lograremos. Porque se ha calcinado nuestra edificación más simbólica, pero no la fuerza y la voluntad de nuestros corazones.









miércoles, 19 de agosto de 2020

MERMELADA CASERA

 

MERMELADA CASERA



(Receta de mermelada casera o cómo sobrevivir al primer intento de producir tu propia mermelada.)

Ingredientes:

-          Moras.

-          Cascabillos.

-          Azúcar.

-          Zumo de limón.

-          Paciencia y ganas.

Dificultad: Ya iras viendo

Tiempo: Más de lo que esperas.

Para hacer una exquisita mermelada casera, lo ideal es recolectar los frutos en el momento óptimo, cuando están maduros y jugosos.

Ya sabéis, que las moras crecen en zarzas, pero solo los mejores frutos, los más gordos y sabrosos, suelen ser inalcanzables a nuestras manos, ya que están demasiado lejos o escondidos entre afiladas agujas preparadas para atacarnos cuales tigres bengalíes. No importa que uses guantes, porque se meterán entre ellos y acabarás con largos, finos y profundos arañazos o tu ropa se enanchará para atraerte a las profundidades del matorral. Mi consejo es que realicéis esta actividad en familia, sobe todo con niños y niñas, ya que al parecer son inmunes a las espinas, además de ser lo suficientemente ágiles y flexibles para llegar allí donde una mano adulta no es capaz. Cuidado con probar las deliciosas moras en algún momento o llegareis a casa con las manos vacías.

En cuanto a la recolecta de los cascabillos, es mucho más sencilla, solo necesitareis una escalera para recoger los frutos que están en la parte superior del árbol, ya que son los más maduros, un repelente de mosquitos o en su defecto una crema calmante, porque una horda de insectos negros os atacara de imprevisto.

Una vez teniendo en vuestro poder los frutos, llega la parte más sencilla del todo el proceso, lavarlos, pero tened cuidado que ninguna mora o cascabillo se os escape o huya. De aquí en adelante, todo se complica un poquito, no importa los libros de recetas o videos de YouTube que hayáis visto, no perdáis la energía y mucho menos la sonrisa.

Mezcla las moras, el azúcar y el zumo de medio limón en un táper o bol, pero antes debes ponerte un delantal, ya que una vez que haces esta mezcla, las moras parecen cobrar vida y comienzan a escupir pequeñas gotitas moradas que son atraídas por cualquier prenda, preferentemente si es nueva. Deja reposar de 2 a 3 horas para que vaya soltando un delicioso jugo.

Mientras tanto puedes ir quitando los huesos y la piel a los cascabillos, proceso algo lento pero indispensable. Introduce los cascabillos en una cazuela con un poco de agua y caliéntalos el tiempo justo. E aquí el primer problemilla, ya que el tiempo justo no lo mide nuestro reloj así que, o tal vez te quedes corto y no puedas quitar las pieles y mucho menos el hueso, o te pasarás y se quedarán tan blandos que la piel y la carne serán todo uno y el hueso no saldrá limpio. Necesitas un poco de paciencia, búscala donde la guardes, porque además de quemarte con los huesos incandescentes perderás parte de la carne del fruto. También puedes probar, según algunos vídeos editados de YouTube, en los que vemos cocinas gigantes que jamás tendrás, aplastar los cascabillos con un tenedor y así saldrá el hueso limpio, aunque yo os aseguro que eso es mentira, el hueso no saldrá limpio nunca. También puedes intentar ponerlos en un pasapuré para sacar el fruto ya triturado por un lado, el hueso y la piel por otro, pero es otro bulo, ya que el pasapuré acaba por atascarse con una maseta, en la que es complicado diferenciar los pequeños hueso, la piel y la carne. En este instante, tu pequeña cocina está llena de cascabillos o masa de cascabillo por todas partes y te das cuenta, que con anterioridad una mora se introducido bajo la suela de tu zapatilla y has dejado huellas por todo el suelo. Toca limpiar un poquito antes de continuar usando papel de cocina, ya que con la bayeta solo conseguirás esparcirlo todo todavía más.

Busca otro poquito de paciencia y te pringas hasta los codos intentando quitar con las manos y de uno en uno los huesos de la masa sin llevarte parte de la preciada carne del fruto, pero es misión imposible. Acepta que solo podrás utilizar algo menos de la mitad de cada cascabillo. Cuando creas haber retirado todos los huesos, pasa el resto por el pasapuré y encontrarás por lo menos una docena más que volverás a rebuscar y retirar. Finalmente te quedarás solo con las pieles en el pasapuré y el resto, lo utilizarás para preparar tu mermelada casera, que caerá, una pequeña parte sobre tu encimera y otra en una cazuela demasiado grande para lo que has conseguido. Ya has pasado la peor parte.

Recoge de nuevo el desaguisado que has montado tu solo o sola en la cocina, encontrarás unos cuantos huesos que intentaban huir detrás de la lavadora y vuelves al trabajo.

Vierte el azúcar y el jugo de medio limón sobre el pure de cascabillos y ponlo a calentar cinco minutos a fuego fuerte. El delantal es algo insuficiente, lo ideal sería ponerte una armadura ignífuga porque mientras revuelves con una cuchara de palo tu puré para que no se pegue, saltan pequeñas gotitas, que parecen inofensivas, y van a caer sobre cualquier parte de tu piel que esté al descubierto. Estas gotitas también contienen azúcar que, en contacto con la piel, crean diminutas pero dolorosas ampollas.  Después de cinco minutos en los que juras en varios dialectos, baja la intensidad del fuego para que se cueza durante 35 o 45 minutos. Ponle una tapa a la cazuela para que deje de escupirte. De vez en cuando, remuévelo para que nada se quede pegado para la eternidad. Tras este tiempo, apaga el fuego, limpia de nuevo tu cocina porque estará pringosa y descansa un poquito. Tienes aproximadamente una hora para empezar de nuevo con las moras, porque ya han pasado dos horitas desde que las mezclaste con el azúcar. Retoma fuerzas, sal de la cocina y túmbate un rato antes del siguiente combate.

Una hora más tarde, y poseída o poseído por el espíritu de Laura Ingalls en el S. XXI, vuelve a la cocina con tu armadura, tus ganas y tu santa paciencia. Pon las moras a cocer a fuego fuerte durante 5 minutos, no sin antes haber derramado parte del jugo sobre tu encimera blanca y que deberás limpiar enseguida o tendrás una mancha morada hasta que cambies de encimera, de cocina o de casa.  Remueve con una cuchara de palo, que ya se ha tintado de morado, y con ganas tu puré o tendrás gotitas de mora hasta en el techo, estas pesan menos que la de los cascabillos por lo que alcanzan mayor altitud. Entre vuelta y vuelta tira el papel con el que has limpiado lo que has derramado. No se te ocurra sacar la cuchara de la cazuela, porque goteará por toda la cocina, aunque tú no te muevas de la baldosa, esto es uno de los misterios de la vida sin resolver. Después de 5 minutos algo estresantes, baja a el fuego a medio- bajo para que se cueza todo lentamente durante 35 o 45 minutos y remueve de vez en cuando. No te olvides de ponerle una tapa y tener papel a mano par limpiar lo que te escupe cada vez que la levantes. Pasado este tiempo de cocción, bate todo con sumo cuidado para no cambiar de color las paredes de tu cocina. Antes de volver a limpiar lo que ha salpicado la batidora, abre un nuevo rollo de cocina porque seguramente el anterior se te ha acabado.

Pasa el puré de moras por el pasapuré para darle una textura más fina y quitarle las pepitas y después vuelve a limpiar lo que se te ha derramado.

Ya tienes tu exquisita mermelada hecha, solo queda probarla y embotarla para conservarla. Las dos están deliciosas, teniendo en cuenta que no te gusta la mermelada. Tal vez la de cascabillos está un poco acida y la de moras tiene todavía bastantes semillas que acabarán por pegarse en tus muelas, pero aún así están sabrosas, naturales y las has hecho tú.

Rebusca unos 8 o 9 botes pequeños con tapa y llénalos con una cucharilla pequeña, ya que con una grande es posible que dejes caer parte de tu producto manufacturado por la encimera y el fregadero. Te darás cuenta de que te sobran unos cuantos botes porque la cantidad de mermelada es bastante minúscula.

Te quedas con un tarro y medio de mermelada de moras y tres de cascabillos. Cierra bien los botes, compruébalo un par de veces y sumérgelos todos, menos el que está medio vacío, en una cazuela llena de agua que pondrás a hervir durante 45 minutos. Échale un ojo de vez en cuando, seguramente uno de los tarros se habrá reventado por lo que es importante que bajes la intensidad del fuego.

Pasado el tiempo restante, intenta pescar los tarros sin quemarte ni cortarte. Finalmente tienes dos tarros de mermelada de cascabillos y uno y medio de moras que probablemente no te comas pero que son totalmente naturales, deliciosos y caseros.

Vuelve a limpiar tu pegajosa cocina y haz una foto a tu gran logro del día para compartir en las redes con una reseña que engañará a nuevos incautos “Mermelada casera, fácil, rápida y económica. “

 

lunes, 10 de agosto de 2020

PARÉNTESIS

 

PARÉNTESIS


Recostada sobre la cama, junto a una ventana abierta al mundo, escucho con placer las gotas de aguacero precipitándose con ímpetu sobre la tierra sedienta. En la penumbra de la noche, consigo vislumbrar la danza de las ramas de una higuera al ritmo del salvaje viento, que mitiga el final de un sofocante día y el comienzo de otro.

En la hora de las brujas, los ya lejanos truenos de la tormenta, son para mi una nana que me acuna invitándome al país de los sueños, pero hoy deseo contemplar las siluetas de las montañas navarras bajo los destellos de la electrizante luz que cae del cielo. Hago un último esfuerzo para mantener abiertos mis ojos cansados, para despedirme con gratitud de este paréntesis en un caluroso y peculiar verano, pero acabo por sucumbir cuando el viento cesa paulatinamente, llevándose consigo las recias y densas nubes, dejando al descubierto un firmamento nocturno lleno de centelleantes estrellas. El canto de cuna por hoy ha concluido, y yo por fin logro sumergirme entre ligeros, frescos y dulces sueños.

viernes, 17 de julio de 2020

RASCA QUE TE RASCA


RASCA QUE TE RASCA


Abanico en mano, espero que llegue la noche y con ella, por fin, desaparezca este calor infernal y la humedad que empapa mi cuerpo y la fina tela que lo envuelve.

Abro las ventanas, deseosa por sentir una suave brisa que refresque mi alcoba mientras me esparzo sobre la cama ocupando el mayor espacio posible, procurando no tocarme a mí misma. Siento como cada poro de mi piel exsuda sin parar y pienso que en cualquier momento me derretiré dejando un charco de agua, grasa y huesos.

Estoy agotada a pesar de no haber hecho nada, tan solo respirar este aire tórrido con sabor a tierra y a sal de mi propio cuerpo. Pero por fin este fogoso día se acaba y entro en letargo, en un duermevela hasta que de pronto lo oigo. Parece lejano, suave. Un leve zumbido, un aleteo frenético de un insignificante vampiro. Se ha abierto la veda y es la hora de cenar. Un diminuto y hambriento mosquito se ha colado por mi ventana y tengo la certeza que va a fustigarme una y otra vez hasta que se harte, reviente o acabe con él.

Pienso, erróneamente que, si no me muevo, no conseguirá localizarme, como si fuera un tiranosaurio rex invisible, pues no consigo verlo por mucho que lo oiga.  Pero me huele, olfatea cada parte de mi piel expuesta, me encuentra como lo hace un león con su presa. 

Dejo de escucharlo un par de minutos y entonces lo siento. Ese picor intenso sobre mi tobillo, ha comenzado su particular banquete. Tobillo, nuca, brazo, rodilla, otra vez nuca. No se cansa de mi cogote y no consigo atraparlo.

Acaba tan harto que baja la guardia y consigo verlo. Doy una palmada en el aire intentando exterminarlo, y después otra y otra. Me siento ridícula ante este liliputiense ser que me devora frente a mis narices y yo, aun así le hago palmas. Pero con mi último aplauso he conseguido acabar con él. Victoria.

Ahora toca lamerse las heridas, pequeños pero insufribles mordiscos, picotazos que van tornando color grana, tomando volumen, tensando y calentando mi piel como respuesta alérgica.

Mis escudos hoy han fallado. Ni la mosquitera, ni la citronela, ni el insecticida, ni la pulserita, ni el antimosquitos han conseguido frenar al ya fallecido pero voraz chupóptero. Sé que me espera una noche de rasca que te rasca, hasta que el antihistamínico me deje K.O. pero hasta ese momento no hay crema, ni vinagre, ni amoniaco que me unte, que calme este picor. Quisiera pasarme una lijadora por la nuca y abrir con un bisturí los picotazos de las piernas hasta que salga el veneno que llevo dentro.

Acabo dormida después de un rato de tortura, pero sigo rascándome entre sueños.

Cuando llega el nuevo día, intento desperezarme poco a poco, apenas puedo abrir los ojos. Me dirijo a la ducha, un buen baño de agua fresca me despertará y calmará las picadas. Al mirarme en el espejo, y por lo poco que puedo ver, parece ser que había más invitados al banquete y han decidido cebarse con mi cara con premeditación, nocturnidad y alevosía.

Hoy no me queda otra que pasar un nuevo día bochornoso embadurnada en cremas y adormecida por los anti alérgicos, pero la próxima noche, sacare la artillería pesada. Dormiré dentro de mi cama, protegida por un escudo seguro, la sabana.

miércoles, 8 de julio de 2020

SER HUMANO


SER HUMANO


Paseo por los verdes y vivos márgenes de un barranco, donde el cauce discurre encolerizado, erosionando, puliendo la dura roca y creando sublimes cascadas que caen sobre pequeños estanques, donde el agua cristalina reposa unos instantes, para continuar su camino poco después y finalizar su aventura en un enorme pantano.

El ser humano tiene la capacidad de realizar increíbles actos de bondad, imaginar lo inimaginable, crear civilizaciones y transformar el mundo a su antojo, pero por desgracia, también es capaz de actuar de la forma más malvada, horrible, egoísta y enfermiza, de destruir, aniquilar y exterminar allí por donde pasa.

A veces, me pregunto qué habría pasado si el hombre no hubiera evolucionado, si simplemente no hubiera sido capaz de erguirse, de liberar sus manos, si no hubiera descubierto el fuego, no hubiera concebido la agricultura, descubierto la electricidad, inventado la bomba atómica, los laboratorios, la tecnología… y llego a la triste conclusión de que tal vez, en vez de ser una raza superior e inteligente , simplemente creemos que lo somos actuando como tal, como una plaga que llega y arrasa. Nos hemos convertido en la enfermedad de este planeta, al que explotamos, modificamos y deterioramos sin remordimiento, mientras otros lo admiran, lo exploran, lo estudian, lo protegen y lo defienden pensando que la tierra nos necesita, cuando lo cierto, es que nuestra propia vanidad nos impide reconocer que somos nosotros la que la necesitamos, pues nos alimenta y nos da cobijo a cambio de nada
.
En un próximo futuro, cuando la raza humana se autodestruya hasta llegar a la extinción total a través de las guerras, políticas económicas, enfermedades letales y contaminación, la vida en la tierra continuará sin nosotros, la naturaleza se repondrá como solo ella sabe, a su manera, libre del vasallaje, opresión y esclavitud. Nosotros caeremos en el olvido, dejaremos de ser la causa del desequilibrio, dejaremos de ser invasores, colonizadores, pobladores de algo que no nos pertenece, pues somos lo que sobra en la tierra, somos un fallo en la mutación de la evolución que nos han convertido en parásitos, somos El Ser Humano.