jueves, 19 de marzo de 2020

EL VIRUS DE UNA CORONA

EL VIRUS DE UNA CORONA:




EL VIRUS DE UNA CORONA

Érase una vez una partida de ajedrez.

Érase una vieja y destronada reina que en pie quedaba frente a un pueblo unido.
Érase una antiguo y avaricioso rey que aprovechó un ataque imprevisto para enrocarse en una esquina.
Los alfiles, perdidos ante semejante contratiempo, se deslizaban sin ton ni son por el majestuoso tablero.
Fueron los valientes caballos quienes tomaron las riendas de la batalla, protegiendo y acompañando a los peones, que acabaron por unirse a sus propios enemigos, convirtiéndolos en amigables vecinos.

Mientras tanto la apolillada corona, acabó por desaparecer tras la voracidad del virus de la codicia y la mentira.


sábado, 7 de marzo de 2020

BRUJA


BRUJA:


¡Bruja! -  me dijeron:

Mujer fuerte, valiente, intuitiva, empoderada.
Creadora de vida, alimento y sustento.
Sanadora de heridas con tan solo un beso.
Con manos que sostienen, empujan y liberan.

Inteligente, suspicaz, una zorra ante su presa.
De suave y fino pelaje sobre su cuerpo.
Con canto de sirena y grito de guerra
No hay fronteras, ni cárceles que me detengan.
No hay barreras en mi cordura, ni límites en mi locura.

Hija de una sabia estirpe, una reina entre las reinas.
Una heróica princesa, una luchadora del ejercito violeta.
Una mujer entre mujeres, una sabia entre las sabias.

Bailamos bajo la luna llena alrededor de una hoguera.
Desnudas, vestidas, en el aquelarre de la vida.

No existe manada, ni macho cabrío que pueda dominarnos,
 porque somos hechiceras, somo curanderas, somos hadas, somos furias.
Somos libres, somos mujeres,
Somos Brujas.

Y sin mediar palabra seguí caminando con una sonrisa dibujada en mi rostro.



lunes, 2 de marzo de 2020

EL ABEJORRO

EL ABEJORRO




Amarillo, negro y peludito, un abejorro aletea sus alas zumbando en busca de alimento para su reina, pero todavía la primavera no ha llegado, cargada de un millar de flores donde elegir el mejor néctar y polen que llevar de vuelta a su hermosa colmena.

Escasean las provisiones, pequeñas flores se ven aquí y allí, entre las verdes y recién germinadas hierbas, así que el abejorro amarillo, negro y peludito se aventura a explorar entre tejados, puertas y ventanas, desde donde siente emanar cierto calor desconocido pero placentero.

Zumba que te zumba, el abejorro amarillo, negro y peludito se cuela por un agujerito, luchando por no dejar que sus finas alas se quiebren al pasar entre los huecos de las duras y ásperas piedras.

Tras un grandioso esfuerzo llega hasta la cocina de un hogar y allí encuentra algo sorprendente, un ser gigante de cabellos cobrizos como el fuego, ojos azules como el cielo y piel blanca como la nieve, y con su peculiar zumbido el abejorro amarillo, negro y peludito se acerca a semejante ser buscando sustento.

Zumba vigorosa y enérgicamente las alas del rechoncho abejorro amarillo, negro y peludito, esperando que aquel gigante monstruoso le escuche, pero no quiere oír, pues aprendió que a palabras necias oídos sordos.

Con ágiles movimientos, el abejorro amarillo, negro y peludito se sitúa frente a unos enormes ojos en los que puede verse reflejado con su delirante y frenético baile, pero el esperpento no quiere mirar, pues aprendió que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Sorprendido por tal ignorancia hacia su admirable cuerpo amarillo, negro y peludito busca otras maneras de comunicarse con aquella criatura y se dirige directo hacia su boca, pero no quiere hablar, pues aprendió que en boca cerrada no entran moscas.

Ante semejante desprecio, el abejorro amarillo, negro y peludito volvió por donde había venido buscando entre los campos pequeñas flores que le dieran un sostén, dejando en su soledad a aquel ente ceporro, insensato e ignorante que no quería ver, oír, ni hablar.


lunes, 24 de febrero de 2020

JUEGO DE NIÑOS


JUEGO DE NIÑOS:


El teléfono escacharrado, el teléfono estropeado,
un juego de niños en las tardes de verano,
bajo la sombra de un antiguo nogal,
un círculo cerrado, un corro sonoro de risas y carcajadas,
una simple palabra corre entre oídos y voces,
incomprensible para unos,
impronunciables para otros.

Y el mundo deja de girar para los infantes
entre susurros, murmullos y risotadas.
Lo que comienza con un inocente vocablo,
sigue su camino para convertirse en algo ininteligible.

Pero se pierde la ingenuidad y la sencillez de los chavales
en el pasar de la vida,
los niños crecen y aquel pasatiempo inocente deja de serlo,
para tornarse en rumores, cotilleos y malentendidos,
resguardados y ocultos entre las esquinas y rincones.
Lo que fue recreo y diversión
se transfigura en mentiras, dolor y sufrimiento,
en enemistades y sospechas.

Dejemos que los niños jueguen y se diviertan
pero aprendamos, que crecer no es, necesariamente,
 perder la candidez, la humildad y la humanidad.

domingo, 16 de febrero de 2020

VIDAS PASADAS


VIDAS PASADAS


En una de las últimas tardes de invierno, cuando el sol desaparece tras las montañas del Valle del Almiradío, y el frío regresa escondido entre las sombras, una chispa se convierte en llama bajo los troncos secos de un haya, creando luces cálidas de fuego en mi salón.

La sangre retorna a mis manos y mejillas y el calor primitivo del hogar se cuela entre mis doloridos huesos. Sentada en una butaca no puedo dejar de admirar una antigua danza, un baile a ritmo de susurros y chisporroteos. Poco a poco las llamas dejan paso a las brasas y cenizas, que me hechizan, arrastrándome a sueños de fuego de una vida pasada, en la que el calor de una hoguera se convierte en un infierno bajo mis pies, tan solo por ser una mujer sabia, por querer se una mujer libre, una sorgina decían.

Entre sudores y delirantes pesadillas, regreso con el sabor a pira todavía en mi boca, despierto frente a la lumbre que pide otra astilla más, en pos de avivar su fortaleza para hipnotizarme de nuevo, transportándome a delirantes y trastornadas vidas pasadas.

domingo, 5 de enero de 2020

LUNA DE PLATA


LUNA DE PLATA


Hace mucho tiempo, cada noche una Luna triste y sola observaba como las estrellas parpadeantes brillaban en el espacio infinito. Algunas, con alma antigua se apagaban lentamente, otras jóvenes e inquietas, jugaban al escondite. Luna envidiaba las coloridas luces del firmamento que le rodeaban y se maravillaba al ver pasar las estrellas fugaces. Ella también quería jugar, pero siempre la dejaban de lado por no ser tan resplandeciente, por ser diferente.

El grandioso Sol la observaba desde hace millones de años pensando como ayudarla. La veía tan bella con su luz de plata cuando alumbraba las noches de los seres humanos, nunca escuchó los versos que le dedicaban, no sabía cómo las hechiceras y los mares la admiraban, ni como los infantes contaban aterradoras historias bajo su luz amable
.
Hasta que una noche se acercó a ella y le invitó a jugar. La Luna feliz, unas veces se escondía tras las nubes, pero a veces, el viento llegaba y en un suspiro arrastraba los algodones que la rodean. Otras veces se escondía detrás de la Tierra donde el Sol no llega a encontrarla, dejando al hombre sin su luz de plata y otras veces, divertida y radiante, se escondía tras del Sol para darle un buen susto y un gran abrazo.

Y así pasan las noches jugando al escondite, mientras el ser humano mira al firmamento para ver como su hermosa Luna refulgente unas veces, aparece y otras desaparece.


domingo, 29 de diciembre de 2019

RUNNING


RUNNING




Hoy como cada día salgo a correr, aunque no me apetezca en absoluto, estoy cansada tras un día duro e intenso, además ya es algo tarde, pero sé que a la vuelta me sentiré renovada, así que busco en mi armario mis nuevas zapatillas equipadas con la última tecnología para absorber y amortiguar los impactos de mis pisadas, con suela gruesa y ergonómica para impulsarme y a la vez tan cómodas y flexibles para poder llevar sin problema el ritmo sin olvidar el maravilloso estilo que tienen. Después de la pasta que me han costado, prácticamente debería correr sin esfuerzo. Cojo mis calcetines reforzados y super transpirables.  Me pongo mi sujetador reductor deportivo, mis mallas de compresión para running y mi camiseta de licra, ligera, opaca y con bandas reflectantes. Busco en el cajón el brazalete para el móvil y ya estoy rápidamente lista para salir a correr.

Salgo del portal y me doy cuenta que en poco rato el sol desaparecerá en el horizonte. Hoy pensaba hacer una ruta nueva que sale del barrio y se mete entre las pistas de los campos y del bosque y como soy bastante cabezona y cuadriculada decido seguir adelante con mi plan.  Estiro un poco antes de empezar, aunque hoy no le pongo mucho empeño.  Comienzo suavemente, hasta que consigo llegar a un buen ritmo mientras respiro sin dificultad. Una de las cosas que más me gustan de correr, es que tras varios minutos me encuentro sola conmigo misma y tengo conversaciones bastante interesantes, pero hoy no puedo dejar de pensar en todo lo que tengo que hacer mañana y pasado mañana.

Llevo 20 minutos corriendo y empiezo a notar algo extraño en mi pie derecho, algo que me molesta, como una rozadura, algo que debería ser imposible con mis ultra-super-carisimas zapatillas y los estupendos calcetines. No es momento de pararse, de frenar y ver que pasa, así que sigo adelante, siempre adelante, como si me persiguieran unos fantasmas. Sea lo que sea, no tiene importancia. Tan solo 10 minutos más tarde el dolor del pie roza la tortura y en un mal paso me da un latigazo la rodilla, pero sigo hacia adelante.

Normalmente, a estas horas hay muchos corredores con los que me cruzo, pero hace rato que ya no veo ninguno, pienso que tal vez esta ruta sea mejor hacerla durante el día. Ya ha oscurecido y apenas veo donde piso, aunque lo cierto es que el silencio es muy agradable.

Ya llevo 45 minutos corriendo, por hoy mas que suficiente porque el dolor del pie y de la rodilla me están matando, aunque me surge una pequeña duda, como no veo ni torta no tengo muy claro por donde volver, pero en vez de volver sobre mis pasos en la oscuridad, sigo adelante, esta vez corro por llegar a casa. Sigo y sigo por lo que a mi me parece una eternidad pero que apenas habrán sido 5 minutos. Empiezo a sofocarme, hace rato que he perdido el ritmo y ya empiezo a cojear, sin embargo, me niego a parar.

Hasta que ya no puedo más, freno en seco y caigo al suelo rendida. La cabeza me da vueltas, hasta que poco a poco mi respiración se normaliza. No entiendo como me ha podido pasar esto, yo que soy tan previsora, calculo mi ruta, llevo le mejor equipación…. No me atrevo a quitarme la zapatilla porque probablemente no pueda volver a ponérmela y según mi móvil, el cual no tiene cobertura, me queda un par de kilómetros para llegar a la carretera y otros dos más para llegar a casa, desde donde me llama telepáticamente la ducha y el sofá. Empiezo a desesperarme un poco, porque todavía me queda un trecho por recorrer, tengo mucha sed y empiezo a tener algo de frio. Sigo con mis pensamientos derrotistas sin darme cuenta de que la luna esta saliendo entre las colinas, una hermosa y gran luna llena que alumbrará mi camino. 

Finalmente admito que tengo que descansar unos minutos y veo que en la orilla del camino hay un pequeño hierbín, así que me tumbo y cierro los ojos, mientras siento la hierba fresca a mi alrededor. Asumo mi pequeña derrota, no pasa nada. Me pongo en pie lentamente y camino sin prisa, cojeando hasta llegar a la carretera. Me duele muchísimo y aún queda la última cuesta. Por allí pasa un coche que se para unos metros más adelante, baja la ventanilla y una cabeza se asoma para preguntarme si estoy bien, mientras me yergo como si no pasara nada, pero esta buena persona ve lo que yo quiero ocultar, el dolor y el cansancio que no quiero admitir. Vuelve a repetirme si necesito ayuda, y esta vez mis hombros se relajan, mi cadera se posiciona hacia el lado izquierdo, bajo la mirada al suelo y admito ante un extraño que necesito ayuda. Se baja del coche, se ofrece a ayudarme a sentarme en el asiento del copiloto y de una bolsa saca una botella de agua. Se me abren los ojos como platos. Cuando sacio mi sed solo soy capaz de decir avergonzada un suave “gracias”. Mi “salvador”, con toda normalidad, me pregunta donde necesito que me lleve y a mi me da reparo molestarle.  Entramos así, en una conversación de besugos en el que el me asegura que no es molestia y yo me muero de vergüenza, pero acabo por confesar donde vivo y lo que me ha pasado.

En cuestión de un ratito de nada, ya estoy frente a la puerta de mi casa junto a un desconocido que me confiesa que a él le pasó algo parecido tan solo hace una semana cuando fue a hacer trekking. Su consejo, fue sencillo, cuando te duela para y cura, cuando no sepas donde estás, vuelve sobre tus pasos, de vez en cuando echa la vista atrás para saber por donde vas, mira por donde pisas no vayas a tropezarte y si te caes, levántate lentamente, pero sobre todo si necesitas descansar para retomar o cambiar tu camino, hazlo, esto no es una carrera.

Llego a mi casa cansada y dolorida, cuando consigo quitarme las zapatillas y los calcetines, que acabo por tirar a una esquina de la habitación me doy cuenta que se me ha abierto una ampolla en el talón tan grande como una nuez. Esto va a tardar en curar unos días, y me voy a la ducha tal como vine al mundo, sin mallas compresoras, ni camisa transpirable, sin sujetador reductor deportivo, sin calcetines reforzados, sin el brazalete y sin el móvil. Me siento sudada, sucia y derrotada pero el agua tibia se lo lleva todo por la tubería. Salgo renovada, relajada y me tumbo en el sofá con la sensación de que hoy he aprendido una gran lección.