martes, 11 de junio de 2019

MUJER DEL DESIERTO


MUJER DEL DESIERTO



Con tez de caramelo, ojos pardos, sabida y ancestral mirada, de cabello azabache, negro como la noche, resguardado bajo una vestidura de ligero tejido, ella camina con los pies descalzos sobre un mar de ardiente arena. Asciende las jorobas de un desierto inmortal, guiada por las sapiencias de sus antepasados, para volver, como cada atardecer, a su paraíso, a su hogar, oculto entre los oscilantes y vivos altozanos, un presente para los moradores del fin del mundo, donde cada día el sol arremete con fiereza, sin piedad, a una región que parece estéril, un lugar de gélidos ocasos que dan paso al más fastuoso y sublime espectáculo estelar.
Con firmes pisadas, desciende la última ladera de las engañosas dunas, para dejar de ver un espejismo infinito y poder protegerse bajo la sombra de las altas palmeras que rodean el vergel milenario, en el cual, generación tras generación, han conseguido aprender a compartir la vida en baldíos terrenos y donde las mujeres del desierto luchan y logran, con el mayor de los éxitos, crear vida en tierras agrestes y yermas.








miércoles, 29 de mayo de 2019

PALABRAS


PALABRAS

Hace un tiempo, escuché una frase que me llegó a lo más profundo de mi ser, una frase que fue cimiento para mi profesión como educadora infantil en aquellos momentos. “Las palabras arrugan el corazón”, ¡¡¡ que verdad tan grande ¡¡¡, pues pensemos en las profundas arrugas que nacen en la más tierna infancia. Estas palabras se implantaron en mi mente sin darme cuenta, me acompañaron durante años y las quise, no solo poner en práctica, si no también, compartirlas con aquellas personas que me encontraba en el camino, intentando ser consciente de que mis palabras procuraran “no arrugar el corazón”.

Tiempo después, me di cuenta de lo evidente de esta frase, de lo que puede llegar a significar desde otro punto de vista, o tal vez, desde otro momento completamente diferente en la vida. Una evidencia clara y cristalina, sin artificios y a la vista de cualquiera que la quiera y pueda ver, simple y sencilla: “Las palabras alegran el corazón” Tan cierta, como que cada mañana amanece. Suena tan bonita, tan dulce y tierna, que solo escucharla de mis propios labios me produce una ligera sonrisa, una pequeña inyección de energía positiva, así que está versión, me resultó mucho más fácil ponerla en práctica y llevarla a cualquier rincón, a cualquier momento del día. Curiosas son las reacciones, incluso las propias, al desearle un buen día al panadero, al compañero, a la operadora o a la doctora que te atiende.

No pasó mucho tiempo, cuando empecé a pensar en estas dos frase, tan iguales y tan diferentes, con el mismo significado pero que me provocaban emociones diferentes. Desde la culpabilidad, preocupación, responsabilidad, hasta alegría, diversión, compasión, respeto… ¿Cuál de las dos es la correcta? La respuesta llegó con otras dudas ¿Acaso debo elegir una?, ¿quién me obliga a escoger? Y la bombilla se encendió con una luz tan blanca que no dejo lugar a sombras. Simplemente decidí quedarme con las dos, ya que son el reflejo la una de la otra, como nuestras propias manos unidas palma con palma.

Todos y todas somos responsables de que nuestras palabras no dañen, no culpabilicen , no destruyan y eduquen con respeto, compasión, ternura, alegría y humor.

DESEOS DE MUJER


DESEOS DE MUJER:

Deseo que mis pasos sean firmes, seguros, que no me impidan correr hacia adelante, saltar sobre la arena del mar, caminar sin prisa, bailar al son de cualquier ritmo, escalar montañas, recorrer miles de caminos, perderme en los laberintos, subir a lo más alto y bajar a los infiernos, huir o luchar por mí o por el mundo, quiero que los cabos de mi cuerpo sean libres de los tacones que secuestran nuestros ágiles movimientos,  para convertirnos en suaves ondulaciones que nos torturan desde los pies a la cabeza.

Anhelo que la tela que me envuelve y me protege, sea digna de las manos que la elaboraron en lugares remotos o cercanos, que no me asfixie, no me impida el movimiento y la independencia que merezco.

Aspiro sentir mi cabello danzar con el viento, humedecerse en mares sin muertos o bajo los ríos de aguas cristalinas de todo el mundo, sin que se enrede en los desechos que ahogan la vida de otras existencias.

Requiero que mi piel y la de los demás, no se queme bajo el sol arrasador cuando necesite agua incorrupta para saciar la sed, ni que el color de la fina cascara que recubre mi cuerpo sea el impedimento para una vida mejor.

Exijo disfrutar alimentándome, sabiendo con la mayor de las certezas, que los habitantes de esta tierra también podrán hacerlo.

Rehúso ser la mujer que castiga su cuerpo por la simple cifra que describe su cintura o se avergüenza al mostrar su esbelta, lucida e imperfecta figura.

Exijo que mi sexo no sea la razón por la que me aterrorice recorrer las calles bajo la luna o las estrellas, ni que otros piensen que pueden ser los dueños de mi cuerpo, de mi alma, de mi esencia.

Espero ser la mujer a la que se le valore por cómo es, por lo qué siente, por su inteligencia o su ignorancia, por el gusto de cultivarse, por la afición de experimentar, por sus errores, fracasos y éxitos, por la pasión de vivir, por la sabiduría acumulada en la universidad de la vida, dejando de lado el envoltorio de semejante regalo, sin ocultar ni disfrazar su rostro bajo una falsa máscara repleta de aderezos y adornos.

Ansío aprender a vivir sin las excesivas elecciones encubiertas, vestidas con trajes de necesidades vitales, instauradas por las grandes, embaucadoras y capciosas empresas o corporaciones que dirigen a los gobiernos, regímenes e imperios, implantándolos falacias de forma velada a través de nuestros sentidos, vaciando, una vez más, nuestros bolsillos del más ingrato y sucio de los papeles, cobrado a través del esfuerzo, sudor, tiempo e incluso, la vida.

Después de mirar en el espejo de mi interior, reconozco no encontrar a la mujer que desearía ser, pues a veces los ideales son quimeras imposibles, inalcanzables, pero no por ello no merecen nuestro afán para llegar a alcanzar lo más próximo de los propios sueños.

lunes, 13 de mayo de 2019

BESTIA Y BELLA



BESTIA Y BELLA


Resultado de imagen de FOTOS FLORES MORADAS

De madrugada, con el pelo enmarañado, los ojos hinchados y un sabor amargo en sus labios, Cayetana regresa del mundo de los sueños. Junto a ella duerme su único amor, pero también el monstruo de sus pesadillas más reales. Escucha su tranquila respiración, lenta, rítmica, profunda, con la calma que ella merece, pero no consigue alcanzar. Sus manos le han dado las más tiernas caricias, los abrazos más sinceros, pero también los golpes más certeros donde nadie más que él puede ver. Sus labios le han regalado los besos más dulces, las palabras más hermosas, pero también le han castigado, le han humillado y le han herido el corazón, donde nadie más que ella puede sentir.

Cansada, está tan cansada y dolorida que desearía dormir una eternidad.  Observa por última vez el hermoso rostro de su tirano protector y le premia con un beso, por todos los buenos momentos, anhela los tiempos pasados, en los que aquel hombre era sosegado y alegre. Se acurruca junto a él pensando como podría ayudarle y se duerme profundamente abrazada a sus recuerdos más bonitos.

Amanece y Francisco se despierta lentamente, descubriendo como Cayetana le abraza, dormida, demasiado dormida. Con leves movimientos se aparta de ella intentando no despertarla y toma unos segundos para ver el rostro de porcelana de la mujer que aún lo ama. Acerca sus labios a la blanca mejilla de su princesa y nota un escalofrío por todo el cuerpo. Sigiloso deja la habitación, se viste y sale a correr como cada mañana, intentando olvidar los insultos y los golpes que su mujer no merecía la tarde anterior. Era la primera y única vez que se sentía culpable y en un momento dado, echando la vista atras se da cuenta de la bestia monstruosa en el que se había convertido. Exhausto por sus pensamientos se sienta en un banco y rompe a llorar por su maravillosa Cayetana y decide que jamás volverá a hacerle daño, se jura a si mismo buscar la ayuda necesaria para matar a su demonio interno.
Cayetana yace en la cama, donde su deseo se ha hecho realidad, dormida, demasiado dormida, muerta para la eternidad a causa de los golpes recibidos, mientras su asesino, su querido Francisco, regresa sintiéndose un nuevo hombre al que le espera la mejor de las vidas junto a la mujer más bella y noble.

 NI UNA MENOS

domingo, 14 de abril de 2019

LA DOBLE CARA DE LA SOLEDAD


LAS DOS CARAS DE LA SOLEDAD:


Sentada bajo el sol de primavera y con la mirada perdida hacia el horizonte, María se había extraviado en sus pensamientos. Oía sus propios latidos, sola y triste, había olvidado como vivir. Por sus mejillas corría ríos de lágrimas mientras ahogaba gritos de angustia que se atragantaban en su garganta. Joven, inteligente y bonita, María había dejado de soñar para dejarse arrastrar a su propio infierno lleno de miedos y fantasmas. La soledad había ganado una guerra que María no supo lidiar, para dejarla postrada ante el mundo y ante sin misma.

Sentada bajo el sol de primavera y con la mirada perdida hacia el horizonte, María se había extraviado en sus pensamientos. Oía sus propios latidos, oía su propia vida y reflexionaba sobre todas sus posibilidades. Se oyó tararear una canción, mientras se dejaba arrastrar a sus propios sueños de futuro. Joven, inteligente y bonita, había encontrado en la soledad una amiga y compañera, la cual le había abierto las puertas al mundo de la imaginación y la creatividad para convertirla en la artesana de su propia vida. Hoy había decidido disfrutar del calor de los rayos del sol y del trinar de los pájaros, sentada ante la vista de preciosos montes cubiertos de hayas, donde los primeros brotes teñían de color esperanza todo su alrededor.

¿Cuál es tu actitud ante la vida?

miércoles, 3 de abril de 2019

FRENTE A MI NARIZ



FRENTE A MI NARIZ


Hoy, me ha ocurrido algo que a todos nos pasa alguna vez, pero en lo que apenas solemos reflexionar debido a la frustración que nos genera estas situaciones y al poco tiempo del que disponemos. Hoy, ha sido uno de esos pocos días en los que he pensado que podría tener un momento de tranquilidad, sentada en mi maravilloso sofá, leyendo un libro, o simplemente ojeando algo interesante. Me he acercado a la estantería donde tengo los ejemplares a los que siempre quiero darles un vistazo y me he decantado por un libro de jardinería, básicamente porque estamos en primavera y me gusta sacar un ratito, cada dos o tres días, para mimar las plantas de mi peculiar jardín, si se me permite llamar así a un pequeño huerto provisto un centenar de macetas y flores. 



Pero he cometido el error de no ver lo que tengo frente a mis narices por intentar ver mas allá y en mi descuido más torpe, he dejado caer al suelo una preciosa figurita de arcilla de mi madre con más carga emocional que valor económico, ya que llegó sobre volando el océano Atlántico para situarse delante de mis tomos. Evidentemente, al caer al suelo se ha roto, bueno, más bien, en cuestión de un micro segundo y fuera de lo que alcanza la vista humana, ha debido pasar por una trituradora invisible antes de llegar al suelo y se ha hecho añicos, los cuales se han esparcido por todo el salón, incluyendo bajo los muebles en los que hasta hoy, habría jurado que no cabía un alfiler pero que he descubierto, que una aguja de punto fino puede arrastrar un gran tesoro, por decirlo de alguna manera.
 Una vez recogido todos los trocitos, hasta los más pequeños, he pensado, ilusa de mí, que tal vez podría pegarlos y darle un nuevo toque anticuado y restaurado a la pequeña figurita y como curiosamente tenía tiempo, he dejado mi libro de jardinería y me puesto manos a la obra, intentado reconstruir lo inreconstruible, algo que me costado comprender un buen rato y un trocito de mi propia piel. Como soy mujer de tener un poquito de todo por casa, por si las moscas, no me ha costado buscar un buen pegamento, resistente y fuerte a base de cianocrilato, por no ponerle nombre, pero tampoco he perdido el tiempo en leer parte de la etiqueta en los que mencionaba que materiales podría pegar.
Me encontraba sentada en la mesa del comedor, con unos periódicos como mantel, ( mujer previsora vale por dos) intentando unir los pedacitos de la figura de arcilla,  como si fuera un puzzle en tres dimensiones, hasta que me he dado cuenta, que el pegamento no ejercía su función sobre el material en cuestión, por ser bastante poroso; y que había ido a parar a mis dedos, quedándose el meñique y el anular de mi mano izquierda pegados entre sí y el resto de los dedos pegados a varias de las piezas. Puedo decir, por experiencia en propias carnes, que el secado de este pegamento es inmediato, y al intentar separar los dedos ha habido, lo que podríamos decir como una pequeña transferencia de tejido de un dedo al otro. En cuanto a los trozos de arcilla me ha sido más fácil despegarlo si dejar piel en el proceso. Desde el momento que la figurita prácticamente se desintegró hasta este momento actual he permanecido serena, imperturbable y así he continuado. He cogido mi viejo móvil pero lo suficientemente moderno como para ser táctil y he preguntado a mi familia, que ya conoce mis serios problemas con los productos viscosos y que se pegan, he intentado plantear la cuestión de cómo quitarme de los dedos y  de las palmas mis manos  el pegamento ya fosilizado pero el groso del mismo me impedía escribir en la pantalla, ya que había conseguido, inexplicablemente, crear una fina película alrededor de mis huellas y que por lo tanto la pantalla no conseguía detectar. Pero como la tecnología tiene mil y un recursos ( y yo también) he mandado un mensaje de voz al que me ha sido respondido con prontitud y con no pocas risas, a las que por cierto yo también he acompañado. Porque eso sí, que el humor no falte nunca. He seguido los consejos recibidos, utilizando acetona para quitarme la fina película de entre mis dedos sin recordar que parte de la piel de mi meñique había desaparecido y os puedo asegurar, que la acetona escuece de coj*****es en una herida, aunque sea mínima, ínfima. No acaba aquí la historia, porque he tenido la maravillosa y brillante idea, de utilizar un algodón para empapar la acetona para frotarla por mis manos y el resultado es que parte de el algodón ha acabado pegado entre los dedos. Finalmente, y con la tranquilidad de un koala, he decidido utilizar el mejor método de limpieza, agua tibia para limpiar mis manos y paciencia, para que poco a poco y en unos días vaya desapareciendo parte del pegamento que no he conseguido retirar. Evidentemente la figurita de mi madre ha sido imposible reconstruirla y todo esto me ha ocurrido por no ver lo que tenía frente a mis narices.





YO



YO

Bajo un manto de tierra y hojas secas, descansan los bulbos de los jacintos, esperando que pasen las largas noches, las ventiscas y las nevadas del frió invernal del Pirineo Navarro. Escondidos, recogidos, casi sin vida hasta que la tierra por fin se calienta con la llegada de los primeros rayos del sol de marzo, cuando despierta de su letargo y poco a poco germina, asomándose tímida, luchando por salir de la dura tierra, con la fuerza que ha acumulado durante su reposo. La claridad de los días le empuja a crecer alta y esbelta para lograr su mayor esplendor.
Así me siento a día de hoy, después de haber permanecido escondida durante años en mi propio ser, atrapada en la oscuridad de la depresión, secuestrada por mis demonios internos hasta, que los soles de mi vida me alumbraron en la noche, sentí el calor de sus almas y pude comenzar a despertar de mi propia pesadilla, para asomarme al mundo, al principio tímida y asustada pero pude comprender que todavía quedaba algo de vida en mi corazón. Luche, unas veces perdí, otras gané y otras quedé en tablas, pero crecí como el jacinto, fuerte, esbelta, hermosa para lograr mi mayor esplendor: YO