Se rompieron mis cuerdas, tan sólo quedó un trozo de madera con cuerpo de mujer.
Ya no sonaré al ritmo de tientos, ya no haré bailar a las muchachas, ni cantar a los cantaores en las noches de verano.
Ya no iré de mano en mano para animar las fiestas pero si te acercas un poquito podrás escuchar como dentro de mí todavía resuena el eco de todos mis compases, las risas y las palmas de aquellos que me acariciaron.
Se rompieron mis cuerdas pero queda una hermosa escultura tallada de mujer con música en su corazón.
Este es un sencillo mural para un habitación, al que querían darle un toque rústico sin cargar demasiado la estancia. Me he decantado por imitar finos troncos de haya puesto que son los que se encuentran en el entorno.
Este mural esconde un secreto, ya que utilicé pintura fluorescente en algunas zonas para que durante la noche permanezca suavemente iluminado y de la sensación de dormir al aire libre.
Quiero compartir algunas rutas por la zona prepirenaica de Navarra, del Valle del Almiradio de Navascués situado en la parte oriental de la Comunidad Foral de Navarra, a orillas del río Salazar, un pequeño valle que esconde hermosos secretos y que es la puerta a valles tan conocidos como son El Salazar y El Roncal. Este municipio tan sólo lo componen tres pequeños concejos, Aspurz, Navascués y Ustés, pueblos tranquilos donde se respira paz y tranquilidad, donde he pasado muy buenos momentos.
La primera ruta es un sencillo paseo accesible para toda la familia, tan solo son 9 km (ida y vuelta) y con un desnivel aproximado de 141 m por una pista y sin apenas dificultad.
Se accede desde Aspurz, un pequeño pueblo de apenas tres calles, situado en lo alto de una peña. Yo aconsejo dejar el coche a la entrada del pueblo donde se encuentra un abrevadero reformado para partir andando desde este lugar.
Comenzamos nuestro paseo dirigiéndonos por la carretera hacia el cementerio, dejándolo a nuestra espalda hasta llegar a una gran cuadra de vacas. En este momento ya hemos dejado atrás cualquier sonido de motores y durante todo el camino nos acompañará la melodía de las aves características de la zona como los pájaros carpinteros, el cuco, el sonido de un pequeño riachuelo o el de los árboles mecidos por el viento.
Una vez que sobrepasamos la cuadra nos encontramos que la carretera continua hacia la izquierda y comienza una pista de todo uno a la derecha. Nosotros debemos ir por esa pista. Esta muy bien señalizada, ya que hay un cartel donde indica Racas Alto que es la finca donde se encuentra la ermita de Santa Lucía.
Durante el primer kilómetro caminamos entre campos de labranza hasta llegar a un pinar que nos dará algo de sombra en los días más calurosos.
Seguiremos por la misma pista todo el rato dejando a los lados caminos utilizados para la desforestación.
Pasaremos por el antiguo pueblo de Racas Bajo del que sólo quedan las ruinas de un par de casas de piedra.
A tan sólo unos metros encontramos una pequeño refugio en el que podemos descansar bajo la sombra de varios nogales y escuchar el sonido del agua del riachuelo.
Continuaremos por la misma pista hasta llegar a una nueva bifurcación, siguiendo nuestro paseo por el camino izquierdo en donde encontramos una fuente de agua natural que durante el verano suele estar seca.
Apenas quedan 10 minutos para llegar a Racas Alto y dejar atrás el pinar que nos ha ofrecido sombra durante todo el paseo.
Atravesaremos unas preciosas praderas en las que incluso, en algunas ocasiones, podemos encontrarnos una pequeña manada de yeguas o fauna salvaje como corzos o jabalíes.
Continuaremos hasta llegar a una chopera donde se encuentra la Ermita de Santa Lucía que permanece cerrada y un par de casas de piedra, una de ellas en bastante mal estado.
Ha llegado el momento de sentarnos y tomar un pequeño y merecido almuerzo en este lugar tan apacible
Volveremos por el mismo camino hasta llegar al coche y aprovecharemos para dar un pequeño paseo por Aspurz para ver sus casas de piedra y las vistas desde lo alto de la peña.
Hacía tiempo que no cogía mis pinceles y pintaba un cuadro con acrilicos. Este es uno de mis últimos encargos y creo que ha quedado muy bonito, dará un toque de color a cualquier habitación.
Caer, levantarse y volverlo a intentar, lo importante no es darse por vencido.
Este es mi última escultura con arcilla y madera tallada, al que le he dedicado especial cariño y dedicación, espero que la disfruten en su nuevo hogar tanto como he disfrutado yo haciendola.
Había una vez un hermoso mundo donde crecían fuertes y altos árboles que formaban inmensos bosques y selvas, donde había un gran número de animales que luchaban por sobrevivir, donde los océanos y mares se perdían en el horizonte y donde vivían también los seres humanos, que se creían los dueños de aquel precioso mundo al que maltrataban y explotaban sin pensar que sus actos condenaban su propia existencia, pues si la preciada tierra moría su extinción sería inminente.
El ser humano había olvidado como vivir en armonía con la madre naturaleza y se refugiaba en grandes urbes, en las que corrían de un lado a otro sin parar, a cambio tan sólo de pequeños trozos de papel procedentes de los desforestados bosques.
En una de esas ciudades, vivía una mujer que inmersa en todo aquel ir y venir había olvidado que el tiempo corría en su contra, los días, los meses y los años pasaban y ella se iba consumiendo poco a poco.
Por las noches soñaba con verdes campos repletos de flores, con ríos de agua clara donde bañarse bajo un cielo limpio y sentir la tierra bajo sus pies descalzos mientras descansaba bajo la luna y las estrellas. En sus sueños oía al canto de los pájaros, saboreaba los frutos que la tierra le ofrecía y olía el aroma fresco del aire que mecía su cabello.
Un día, al mirarse al espejo vió que sus cabellos castaños habían sucumbido al paso de los años y ahora eran de un color plateado, sus ojos azules llenos de vida habían perdido su brillo, su rostro ya no era de porcelana como antaño, su piel era rugosa y áspera. Se dió cuenta de que aquel no era su lugar y sin pensarlo dos veces salió de su casa con lo puesto.
Dejo atrás las oscuras colmenas de hormigón, los ríos de asfalto, el sonido de los motores y el sabor amargo de aquel aire impuro. No sabía cual sería su destino pero sus pies no se sentían cansados, su corazón latía con fuerza y en su rostro se había dibujado una sonrisa.
Caminó y caminó hasta que perdió tras su espalda los últimos resquicios del ser humano . Abandonó sus zapatos desgastados y se interno en el bosque más hermoso que jamás pudo imaginar, siguió sin ningún camino establecido hasta la orilla de un enfurecido río y allí en un pequeño claro iluminado por los cálidos rayos del atardecer contempló como poco a poco la luna despertaba de su letargo diurno y en aquel momento el cansancio se adueño de la mujer de cabellos plateados.
Se tumbó sobre un manto de hierba y dejó que el silencio le diera la mano para llevarla al mundo de las quimeras.
Se sumergió en un largo y placentero sueño mientras su cuerpo echaba raíces en aquel claro del bosque,
su piel se endureció hasta convertirse en una gruesa corteza que protegería su cuerpo de las inclemencias del tiempo,
su pecho se abrió para dar cobijo a las aves al calor de su corazón,
sus brazos se convirtieron en fuertes ramas en las que los pájaros cantores pudieron anidar,
su cabello plateado hondeó al viento como las hojas que caen en otoño
Y tras su nuevo renacer vivió eternamente como había soñado.